domingo, 21 de septiembre de 2008

Imagen equivocada.

"Muchos descubrieron a Marilyn Manson con su aparición en Bowling for Columbine, la película de Michael Moore. Ciertos políticos de la más rancia derecha religiosa norteamericana habían responsabilizado al rocker de la masacre en la escuela de Colorado de 1999: los chicos asesinos se habrían inspirado en su obra para disparar contra sus compañeros y después suicidarse. Aunque torpe y falsa, la acusación consiguió hacer de Manson un chivo expiatorio. El documental de Moore le da la oportunidad de reflexionar sobre el hecho y dar su lúcido punto de vista; nadie que vea la entrevista de Moore con Manson recibirá con indiferencia la aguda inteligencia del rocker. Pero lo irónico de la situación es que, por prejuicio o desinformación, alguien podría creer que Marilyn Manson es estúpido sólo porque toca rock industrial y se maquilla como un asesino serial fantasmagórico. Una vez más, esos fascinados llegan tarde: Marilyn Manson fue un artista interesante y un notable observador desde el comienzo mismo de su carrera."

(Sacado de http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-758-2003-05-31.html )

En realidad nunca pensé que una persona como Marilyn Manson tuviera tan seria e inteligente opinión acerca de lo sucedido en Columbine. La película de Moore me pareció muy informativa y de seria investigación en la que Manson da una declaración que nadie se lo esperaba, diciendo que por qué tanto lo culpan a él si acaso él es más influyente que el propio presidente, Bush, ya que unos días antes Estados Unidos había hecho un tremendo Bombardeo en Kosovo dejando miles de muertos y destrucción masiva. "¿Acaso eso no puede influir en la sociedad?" es lo que se preguntaban Manson y Moore en la entrevista.
Para sen sincero no me gusta la música que hace Manson, pero me parece que como persona y por su manera de expresar merece todo mi respeto.

Maestro.

Paco de Lucía
(Nombre artístico de Francisco Sánchez Gómez; Algeciras, 1947) Músico español, considerado como el guitarrista flamenco de mayor prestigio internacional. Nació en el barrio de La Bajadilla de la ciudad andaluza de Algeciras, un barrio popular y predominantemente gitano. La calle, pues, y el ser hijo y hermano de músicos, lo familiarizaron con el flamenco desde su más tierna infancia.
De su padre, Antonio Sánchez Pecino, quien se ganaba mal la vida como vendedor ambulante de telas durante el día y por la noche tocaba la bandurria en los bailes de pueblo, y de su hermano mayor, Ramón de Algeciras, aprendió los primeros rasgueos, y a los seis años comenzó a estudiar guitarra «en serio», e incluso su madre, Luzía Gomes Gonçalves, una portuguesa de Monte Gordo acostumbrada a la vez a la pobreza de su familia numerosa y a la vena artística de sus miembros, lo veía más como una inversión de futuro que como un perjuicio.




















A Paco, que, al igual que el resto de sus hermanos Ramón, María Lucía, Pepe y Antonio, muy pronto tuvo que buscar trabajo y llevar un sueldo a casa, le costó superar su falta de instrucción, pero cuando tuvo que buscarse un nombre artístico no dudó en apellidarlo con el nombre de su madre.
Primeros aplausos en los tablaos
Como tal, Paco de Lucía comenzó a actuar a los doce años junto a su hermano Pepe (entonces Pepe de Algeciras) como el dúo Los Chiquitos de Algeciras, que cosechó el aplauso de muchos tablaos de Cádiz. Con catorce años obtuvo un premio en el Concurso Internacional de Arte Flamenco de Jerez de la Frontera, y aunque parezca sorprendente, fue entonces cuando inició su carrera internacional, ya que José Greco lo contrató como tercer guitarrista de su Compañía de Ballet Clásico Español y en seguida emprendió su primer viaje a Estados Unidos.
Para él, el guitarrista más brillante del momento era el Niño Ricardo, amigo de su padre, y quería sonar igual de bien. Luego conoció a Sabicas y a Mario Escudero y sus influencias fueron variando, pero éstos le aconsejaron que buscara su propia forma de tocar, su estilo. El problema era que «para uno era un modo complicado de decir las cosas más sencillas, y para el otro un modo muy simple de decir cosas complicadas», recuerda el artista, quien confiesa haber resuelto el dilema el día que supo que el estilo no es un punto de partida, como era su caso, sino un resultado, y a fuerza de tocar formó su propia personalidad.
Con la dirección artística de su padre grabó los primeros discos junto a su hermano Pepe, y posteriormente registró otros tres a dúo con Ricardo Modrego, de la compañía de Greco. Poco después conoció a Fosforito, a quien acompañó en una actuación en Salamanca, y luego a Camarón de la Isla y a Juan el Lebrijano. Con ellos se integró en un grupo compuesto también por Matilde Coral, Paco Cepero y El Farruco, con el que, contratados por los managers internacionales Lippman y Rau para sus espectáculos, que llamaban «Festival Flamenco Gitano», recorrió varias veces Europa durante la segunda mitad de la década de los sesenta.
Mientras tanto, animado por Sabicas y Escudero, se adentró en el terreno de la composición, y también grabó sus primeros discos en solitario: La fabulosa guitarra de Paco de Lucía (1967) y Fantasía flamenca (1969), algunos de cuyos temas tocó en 1970 en el Palau de la Música de Barcelona, en el marco de un festival internacional por el bicentenario de la muerte de Beethoven, que algunos biógrafos sitúan como el momento de su consagración.







La influencia de Camarón
Pero el guitarrista de Algeciras, entonces ya asentado en Madrid, reservaba muchas sorpresas, y aquello no fue sino un peldaño más de una trayectoria en constante evolución que marcó muchos puntos de inflexión en la historia del flamenco.
Por entonces acababa de nacer la mítica pareja Camarón-Paco de Lucía, cuyas cualidades extraordinarias y la manifiesta y firme voluntad de convertir el flamenco en una experiencia rabiosamente viva han quedado impresas en más de una decena de discos impresionantes y en la memoria del guitarrista, que recuerda aquellos años como la etapa más bonita de su vida. Para él, la excelencia del tándem tenía una explicación muy sencilla: «Mi sueño siempre fue ser cantaor, mientras que el de Camarón fue ser guitarrista». Su música perfecta fue, por tanto, fruto de la sana envidia recíproca y la mutua admiración.
Paco de Lucía se convirtió en estrella de las listas de éxitos en 1973, con la rumba Entre dos aguas, que conquistó a un público más joven que se interesó por primera vez por la guitarra flamenca. Esto influyó además para que sus álbumes de la época, El duende flamenco de Paco de Lucía (1972) y, sobre todo, Fuente y caudal (1973), incrementaran su difusión y le valieran una fama que empezaba a exceder los límites del género.









Dos años después, su actuación «para todos los públicos» en el Teatro Real de Madrid haría historia. Un nuevo trabajo, Almoraima (1976), mostraba su voluntad rupturista y daba sobradas pruebas de una personalidad consolidada. Pergeñaba ya entonces el proyecto de formar un grupo, y lo iba a lograr unos años después. En aquella época se sentía lo bastante afianzado como para formalizar su relación con Casilda Varela tras ocho años de noviazgo y, pese a la oposición familiar, se casaron en Amsterdam en enero de 1977; desde entonces han permanecido unidos junto a sus tres hijos, Casilda (1978), Lucía (1979) y Curro (1983).
Nuevos caminos para el flamenco
En 1981 formó el célebre sexteto con el que creó el concepto actual de grupo flamenco, con sus hermanos Ramón de Algeciras y Pepe de Lucía, Jorge Pardo, Carles Benavent y Rubem Dantas, a los que más tarde se uniría el bailaor Manolo Soler.
La formación duró muchos años, hasta el día que decidió que después de tanto tiempo todo debía de sonar igual, y primero formó un trío con Juan Manuel Cañizares y su sobrino José María Bandera, y en 1998 rehizo el septeto: reemplazó a Cañizares por El Viejín, a Soler por El Grilo y a Pepe de Lucía por Duquende. Con ellos grabó Luzía (1998), en homenaje a su madre, que acababa de fallecer. Luego reunió en torno a él a otros artistas: el percusionista El Piraña, la guitarra del Niño Josele, el bajo de Alain Pérez, la armónica de Antonio Serrano y las voces y palmas de Duquende, La Tana y Montse Cortés.
Los últimos años del siglo XX fueron los más duros de su vida. La muerte de Camarón, y la interesada confusión creada en torno a los derechos de autor conjuntos con el cantaor, agravaron la úlcera que padecía y lo sumieron en una profunda depresión que el fallecimiento consecutivo de sus padres contribuyó a prolongar.
Después de un largo período alejado de la composición y recluido en su casa familiar de Mirasierra, dejó Madrid para pasar dos años en Playa del Carmen, su paraíso mexicano, donde proyectaba vivir su retiro en un futuro que anunciaba no lejano. Allí nació su trabajo Cositas buenas (2004), en el que, entre tangos y rumbas, se dan cita muchas voces amigas y la del propio guitarrista, que rescata del archivo la bulería Que venga el alba, para unirse por primera vez en el canto a su «primo» Camarón.

En julio de 2004 era distinguido con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes y en septiembre obtenía también un Grammy Latino al mejor álbum de flamenco por Cositas buenas, que presentó durante el año en una gira mundial marcada por su intensidad.
Tradición e innovación
Maestro del mejor flamenco, pionero en su evolución y su apertura a la fusión con otras músicas y otros estilos, hubo un tiempo en que sus constantes aportaciones convirtieron a Paco de Lucía en un revolucionario del género, y su influencia ha sido de tal calado que puede inferirse que ha cambiado la concepción del toque en más de una ocasión durante las últimas tres décadas. Esa inquietud innovadora no siempre fue bien entendida por los defensores a ultranza de la ortodoxia del género, que al principio llegaron a causarle cierto desasosiego, si bien pronto entendió que él no podría traicionar jamás la esencia del flamenco porque lo lleva en sus genes, y haga lo que haga sonará a flamenco. A partir de ese momento, empezó a tocar con mayor espontaneidad y a permitirse libertades inusitadas que a la postre resultaron siempre enriquecedoras.


martes, 16 de septiembre de 2008

Interesante manera de crear...

Quisiera contarles esta versión de la creación del mundo (un mito fantástico más para agregarle a los tantos que tenemos), que encontré en un libro de mitos africanos que estaba leyendo y me pareció interesante y fantástica...



EL PUEBLO SHONGO


Uno de los pueblos congoleses más interesantes es el de los shongo o bushongo, que viven entre el río Kassai y su afluente el Sakuru. En tiempos prehistóricos emigraron del norte y dejaron un grupo llamado shilele, desgajado al Oeste. Shongo significa cuchillo arrojadizo, nombre de su arma nacional, pero ellos se llaman a sí mismos kuba, que significa relámpago. Las figuras de sus antepasados eran retratos de sus reyes, cuya genealogía se ha conservado.


La leyenda de la creación del mundo y de los bushongo


Bumba Chembé, el dios inmenso, blanco y resplandeciente, hecho a imagen del hombre, tuvo un terrible dolor en el vientre, que le hizo vomitar , en medio de las grandes tinieblas. Vomitó la luz, el sol y la luna y las estrellas. El sol levantó la niebla de las aguas y aparecieronlas tierras yermas, sin vida.
Bumba vomitóde nuevo, esta vez los primeros animales, el leopardo, el águila, el cocodrilo, la tortuga, la liebre, etc., y una multitud de hombres, de los cuales sólo uno era blanco. Los primeros animales, a su vez, vomitaron nuevas especies, y un hijo del dios, Chonganda, vomitó una planta verde que produjo las legumbres y las flores. Dios creó las prohibiciones o tabús que fue distribuyendo por los poblados.
Otros mitos congoleses
Entre los upotos del Congo, un mito cuenta cómo la inmortalidad que estaba reservada para los hombres, le tocó a la Luna: Un día Libanza hizo comparecer ante él a los habitantes de la Tierra y a los de la Luna. Éstos fueron inmediatamente, y Libanza, dirigiéndose a la Luna le dijo: "Para recompensarte por haber acudido a mi llamada la primera, no morirás excepto dos días cada mes; y ello tan sólo para que descanses y puedas aparecer luego más brillante". Cuando mucho tiempo después los habitantes de la Tierra se presentaron, Libanza se enfadó y les dijo: " Por no haber acudido antes a mi llamada, seréis castigados: moriréis un día para no volver; salvo para volver hacia mí".
Los bambala del Congo, cuentan mediante un mito, el deseo que tuvieron los hombres de saber lo que era la Luna. Para ello, engancharon al Sol una pértiga enorme y por ella empezaron a trepar. A la primera pértiga empalmaron una segunda, luego una tercera y así sucesivamente. Mas cuando esta torre de Babel estaba ya a una altura considerable, se desunió arrastrando en su caída a cuantos trabajaban en construirla, que perecieron víctimas de su curiosidad.
Entre los negros de las orillas de lago Kivú, existe una leyenda sobre el origen de la muerte: Dios tras haber creado a los seres humanos les dijo que no morirían, y así fue. A causa de ello, llegaron a ser numerosísimos. Entonces la Muerte les suscitó una querella. Pero como Dios vigilaba, tuvo que escapar de la Tierra. Mas habiendo tratado Dios un día, la Muerte hizo una víctima. Se cavó una tumba y fue enterrada. Pero algunos días después, la tierra se elevó sobre la tumba, cual si el cadáver que contenía fuese a resucitar. Se trataba de una vieja que al morir, había dejado varios hijos casados. Una de las nueras se dio cuenta de que, en efecto, iba a resucitar, y haciendo bullir agua rápidamente, la arrojó sobre la tumba de su suegra. Luego, construyendo un pilón y un mortero, exclamó dando golpe tras golpe: "Muere! Lo muerto, muerto debe quedar! " Al día siguiente hizo lo mismo, y la vieja que ya iba a salir, murió definitivamente. Cuando posteriormente Dios volvió con los hombres y pasó lista, una mujer faltó a su llamada. Entonces le dijeron que había muerto. Dios dijo al saberlo, a los demás:" Encerráos bien en vuestras casas que voy a perseguir a la muerte y a acabar con ella para que no haga más víctimas". Así lo hicieron mientras Dios iba en busca de la que iba a inmolar, que al verla venir escapó a toda prisa. En esto, otra vieja salió de su cabaña para ir a esconderse entre las hierbas altas, creyéndose más segura. Mas pronto se encontró ante la Muerte que le dijo: "Ocúltame y te pagaré bien el servicio". La vieja apartó un poco, por la parte de los sobacos, la piel que la cubría, y la Muerte, escurriéndose por allí, se le metió en el vientre. En aquel momento llegó Dios y preguntó a la vieja si había visto a la Muerte. Pero antes de que ésta tuviese tiempo de responderle, Dios añadió dándose cuenta de lo que había pasado: "¿Para qué puede servir esta mujer puesto que ya es incapaz de tener hijos? Más vale que la mate para sacar de ella a la Muerte y matarla también". No había hecho Dios sino matar a la vieja, cuando otra mujer, ésta joven, salió de su cabaña, encontrando a Dios a punto de acabar con la vieja. La Muerte entonces, escapando de su escondite, en un abrir y cerrar de ojos se coló en el cuerpo de la joven. Dios al verlo, dijo: "Puesto que los hombres se oponen a mis designios que sufran las consecuencias y mueran".
Entre los congoleses están los mundangas que viven junto al río Mayo-Kebbi. Estos mundangas poseen tres dioses: Masin Biambé, dios creador, todo poderoso e inmaterial; Febelé, el dios macho, y Mebelí, el dios hembra. Estos dos tuvieron un hijo: el hombre, al que Masim Biambé dio el alma (tchi), la respiración y el aliento vital. Los ministros de dios son los fetiches.
Mitologías y leyendas Africanas, Francesc Ll. Cardona.